jueves, 2 de julio de 2009

EL ALFARERO Y LA TACITA

Una tacita muy fina, única y bella nos cuenta su historia:
Hace mucho tiempo yo era tan solo un poco de barro. Pero un artesano me tomó entre sus manos y me fue dando forma.Llego el momento en que me desesperé y le grité: ¡Por favor.....ya dejeme en paz!... pero mi amo solo me sonrió y me dijo: Aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.Despues me puso en un horno. ¡Nunca habia sentido tanto calor!.Toque a la puerta del horno y a través de la ventanilla pude leer los labios de mi amo que me decian. Aguanta un poco mas, todavia no es tiempo.Cuando al fin se abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero, apenas me habia refrescado, me comenzo a raspar, a lijar, no sé como no acabó conmigo.Me daba vueltas, me miraba de arriba a abajo, por último me aplicó meticulosamente varias pinturas.Sentia que me ahogaba, ¡por favor dejame en paz! le gritaba a mi artesano, pero él solo me decía: aguanta un poco mas, todavia no es tiempo.Al fin, cuando pensé que habia terminado aquello, me metio en otro horno mucho mas caliente que el primero.

Ahora si pensé que terminaba con mi vida.Le rogué y le imploré, grité, lloré, pero mi artesano solo me decia, aguanta un poco más todavia no es tiempo.Me pregunté entonces si habia esperanza, si lograráa sobrevivir a aquellos tratos, pero por alguna razón aguanté todo aquello.

Fue entonces que se abrió la puerta y mi artesano me tomo cariñosamente y me llevó a un lugar muy diferente.Era precioso, alli todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte, resplandecían como solo ocurre en los sueños.No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas maravillas era yo. ¡No podia creerlo... esa no podria ser yo!.Mi artesano entonces me dijo: Yo sé que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura,. Sé que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu sólida consistencia, se que sufriste con las raspasdas y pulidas, pero mira ahora la finura de tu presencia y la pintura te provocaba nauseas, pero contempla ahora tu hermosura. Si te hubiera dejado como estabas, ahora sólo serías un montón de barro.
¡¡Ahora eres una obra terminada, lo que imaginé cuando te empecé a moldear.

Nosotros somos esas tacitas en las manos del mejor alfarero, nuestro Dios. Confiemos en Él, en sus amorosas manos aunque muchas veces no comprendamos porque nos pasan tantas cosas en la vida...¡¡Es que Dios nos está moldeando!

Dios me ayude a mi y a usted a dejarnos moldear para ser una hermosa obra de arte sólo en sus manos -- Para que en los momentos difíciles comprendamos que hay un propósito y que saldremos brillantes y renovadas de todas las pruebas...

orque sin mí, no podéis hacer nada.
Juan 15

Quien está en mí y yo en él, ese dará mucho fruto, porque sin mí, no podéis hacer nada.
Juan 15

lunes, 29 de junio de 2009

Rev. Jesse Jackson: "Traté de ayudar al atribulado Michael Jackson orando por él"

Michael Jackson la gran estrella mundial de la música pop, la estrella que cayó por una vida llena de comportamientos extraños, el Rey del Pop que se convirtió en "Wacko Jacko", (Sobrenombre que quiere decir “El Loco Jackson”), murió a los 50 años de edad.

Con una vida llena de excesos y comportamientos extraños resulta complejo describir lo que fue Michael Jackson: Su fama y pronto desplome personal, hasta su muerte pocos días antes de que se suponía iba a comenzar una gira de conciertos de regreso en Londres.

El reverendo bautista Jesse Jackson cercano al artista, recuerda con lágrimas el declive del Rey del pop: “Traté de ayudar al atribulado Michael Jackson orando por él para expulsar los demonios que le atormentaban”. “Su popularidad fue meteórica, tanto es así que Michael se autoproclamó el rey del pop”, recuerda Jackson. “El rápido matrimonio con la hija de Elvis Presley, luego con su enfermera.

Batallas en Tribunales, canceló fechas de conciertos”. “Además las cirugías plásticas que modificaron completamente su apariencia, y el vídeo viral que publicó - colgando su tercer hijo en un balcón- , seguido de la detención de Jackson por cargos de molestar a un niño de 12 años, paciente de cáncer”, especifica el reverendo Jackson.

Jesse Jackson aconsejó en reiteradas ocasiones a Michael Jackson en su rancho de Neverland, al sur de California: “Por la mañana antes de juntarse con sus abogados y enfrentar los tribunales, hablábamos por teléfono y el me pedía que orara por él”. “Pero el recuerdo que queda de Michael Jackson es que se convirtió en un extraño. Su vida personal se tornó anormal, solitaria, excéntrica”, sentenció el reverendo. Con records mundiales de ventas y premios ganados, y glorias de esta tierra, olvido la Gloria mas importante, la Gloria que el debia darle a Dios.

Se comentó que Michael Jackson estuvo vinculado a la secta religiosa de los Testigos de Jehova, especulaba que el evangelio iba en decadencia y que desapareceria. El necesitaba estabilidad espiritual y llenar el vacio que tenía en su corazón.

Finalmente decidió entrar a la religión musulmana, en donde firmó un contrato con una entidad radical musulmana para que le administrara la mayoría de sus negocios.
Cuando uno pide oración como dice el Rev.Jesse Jackson es porque está dispuesto a cambiar de actitud hacia Dios, él es el único que puede restaurar nuestra vida.
Acercarnos al taller del Maestro es la mejor solución a los problemas.Dios siempre espera con los brazos abiertos al pecador que quiere arrepentirse.

miércoles, 24 de junio de 2009

«ANTONIO STRADIVARI: 1704»

por Carlos Rey

Era una noche de invierno del año 1820 en la ciudad de Londres. Un hombre mal vestido, evidentemente pobre, entró temblando de frío en una tienda que compraba y vendía violines. Debajo del brazo llevaba un bulto. El dueño de la tienda, Arthur Betts, le preguntó:

—¿En qué puedo servirle, señor?

—Me estoy muriendo de hambre —le contestó el hombre—. ¿Cuánto me ofrece por este viejo violín?

Betts tenía ya varios violines viejos, pero por ayudar al hombre hambriento pagó por el violín una guinea, que era una antigua moneda inglesa equivalente a veintiún chelines, es decir, poco más que una libra esterlina. El hombre tomó la moneda de oro y se perdió en las sombras de la noche.

Arthur Betts, que era músico y fabricante de violines, tomó el arco y lo pasó sobre las cuerdas del viejo violín. El resultado fue un tono maravilloso que despertó su curiosidad. Así que iluminó con una vela la parte interior del violín y vio allí grabado en la madera el célebre nombre italiano «Antonio Stradivari». Junto al nombre aparecía la fecha «1704».

Tan pronto como comprobó que éste era el famoso violín Stradivarius que habían buscado en toda Europa durante los últimos cien años, Betts salió corriendo por la puerta en busca del vendedor, pero el hombre se había esfumado. Posteriormente Betts vendió el violín por quinientas libras, y después de varios intercambios de dueños, en 1886 se vendió por mil doscientas libras, mil veces más del valor que le dio Betts inicialmente.

Hay muchas historias de violines perdidos que fueron comprados por irrisorias sumas de dinero, pero esta, al parecer, es la única historia basada en documentos que atestiguan su veracidad. Lo que tiene en común con esas otras historias menos fidedignas es que el dueño no tenía idea del verdadero valor de lo que poseía.

Es posible que esta sea una fiel representación de la vida de muchos de los que nos consideramos cristianos. En medio del frío y del hambre espiritual que nos azota, tenemos a nuestra disposición algo muy valioso, lo suficiente como para sacarnos de esa pobreza. Sin embargo, ni se nos ocurre que tenga tanto valor. Al contrario, ese algo no representa más para nosotros que una cura temporal para aliviar nuestras penas. Así que lo menospreciamos, como si lo estuviéramos vendiendo por una monedita, y seguimos padeciendo de hambre y de frío. A pesar de que nos hace falta, no nos valemos de él por no reconocer su valor.

No obstante, cada uno de nosotros puede llevar consigo ese tesoro que basta para satisfacer todo lo que jamás pudiera necesitar. Se trata del Señor Jesucristo, el único tesoro que es más que suficiente para sacarnos de la pobreza y la miseria espiritual. Lo cierto es que Cristo no sólo basta para todo, sino que lo es todo.

sábado, 20 de junio de 2009

«¡MUERE, SATANÁS!»

por Carlos Rey

«Bebe esto», convidó Gabriela Alessandri, italiana de treinta y ocho años de edad. Y le dio a su esposo Talis Ritoridis, griego de cuarenta años, un vaso lleno de limonada. El hombre estaba cansado y acalorado. Aquel vaso de limonada era una delicia paradisíaca. Así que bebió medio vaso de un sorbo.

No pudo beber más de medio vaso, pues un malestar horrible le invadió todo el cuerpo y comenzó a sufrir convulsiones. La estricnina surtió efecto, y el hombre no tardó en morir en medio de fuertes espasmos. Tan pronto como Gabriela se cercioró de que su esposo había muerto, con toda frialdad puso sobre su cuerpo inerte un letrero que decía: «¡Muere, Satanás!»

He aquí otro caso de homicidio conyugal: una mujer que envenena a su marido para librarse de él. La policía que la detuvo concluyó que Gabriela seguramente tenía alteradas las facultades mentales. Los parientes del esposo alegaron que el demonio era ella.

Lo cierto es que aquel matrimonio no era feliz como Dios quiere que sea todo matrimonio bien constituido. Las peleas eran continuas; las infidelidades del esposo, frecuentes. En el ambiente del hogar había tensión, violencia contenida, como una bomba a punto de estallar.

Cuando la mujer no soportó más las infidelidades, los insultos, el maltrato, el desprecio y los golpes del marido, tomó la decisión fatal. Aprovechando una de esas típicas tardes calurosas de verano que se dan en Roma, le ofreció a su esposo estricnina disuelta en limonada, que el pobre bebió sin sospechar.

Un matrimonio no llega a ese trágico desenlace de un día para otro sino después de muchos días y de muchos años de continuo deterioro. Es el acto final, espantoso, de una larga serie de actos menores, compuestos de discordia, encono, rencor, desprecio y, sobre todo, infidelidad.

No todo matrimonio que comienza a tener problemas termina a merced de un vaso de limonada con veneno. Pero todo matrimonio que comienza a notar el deterioro de sus relaciones conyugales debe tratar de remediarlo cuanto antes.

Cuando Gabriela envenenó a su esposo, le puso por nombre «Satanás» porque estaba convencida de que él era como el diablo encarnado. Tal parece que sabía que Satanás quiere robarnos la paz, matar nuestro matrimonio y destruir la armonía en nuestro hogar. En cambio, no parecía saber que Dios está dispuesto a ayudarnos a recobrar la paz, la satisfacción conyugal y la armonía familiar.1 Más vale que nosotros, a diferencia de Gabriela, le permitamos a Dios ayudarnos, encomendándole nuestra vida y nuestro matrimonio.
1 Mt 19:4‑6; Mr 10:6‑9; Jn 10:10; 14:27; 15:11‑13

viernes, 19 de junio de 2009

EL HOMBRE QUE EMBALSAMÓ A SU HIJO

por el Hermano Pablo

Era su profesión. Tenía una habilidad extraordinaria como taxidermista. Todos los cazadores de la región de Tuxla, Yugoslavia, le traían sus presas cazadas: osos, venados, zorros, para que Vaxco Chulyak las embalsamara.

Un día su hijo Ludwig, de ocho años de edad, murió ahogado. Cuando le trajeron el cuerpo, Vaxco no quiso enterrarlo, así que embalsamó el cuerpo inerte de su hijo. «Hace tres años perdí a mi amada esposa —explicó Vaxco—. Ahora se me muere este hijo, único recuerdo de aquella querida mujer. No quiero dejar de verlo. Cada día lo miraré y conversaré con él, hasta que yo muera.»

He aquí una historia tierna y patética. Vaxco pierde primero a su amada esposa. Pero le queda su pequeño hijo, en el que condensa todo su cariño y toda su felicidad. Por una de esas desgracias incomprensibles, el niño muere ahogado, y Vaxco hace lo que sabe hacer para mantener a su hijo consigo.

Bueno es conservar el recuerdo de los seres amados. Es algo propio del ser humano. Los animales, en cambio, por lo general recuerdan a lo sumo unos momentos el familiar muerto, porque no tienen corazón sensible ni alma pensante. Por lo tanto, no derraman lágrimas por el amigo, el padre, la madre, o el hermano que se ha ido.

Pero el hombre no es como el animal. En su condición de ser humano, tiene alma, tiene conciencia, tiene sentimientos, tiene memoria y tiene noción de Dios. Esto es lo que le da esperanza de otra vida.

El primer paso de la civilización se dio cuando los seres humanos comenzaron a enterrar a sus difuntos. El segundo paso se dio cuando decidieron conservar algún recuerdo de ellos, aunque fuera una flecha, una lanza, y posteriormente una fotografía. Y aunque algunos reprocharon a Vaxco Chulyak el haber embalsamado a su hijo, era para él un recuerdo. Ciertamente el dolor y los sentimientos de un hombre merecen ser respetados.

Sin embargo, mil veces mejor que cualquier recuerdo de nuestros seres queridos, con todo y lo importantes que son, es la seguridad que podemos tener de verlos vivos y en persona otra vez, es decir, la esperanza viva de reunirnos un día con ellos en el cielo.

Esa esperanza es tan viva y tan cierta como lo es la salida del sol todas las mañanas. Jesucristo, que venció el sepulcro y la muerte, quiere dárnosla. Para recibirla, basta con que aceptemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Los que le hemos pedido que sea el dueño de nuestra vida tenemos la seguridad de que veremos a nuestros seres queridos algún día. Más vale que todos aseguremos esa esperanza, haciendo de Cristo el Señor de nuestra vida.