Mateo 24:12-13 (RVA)
y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
Juan 3:16-17 (RVA)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
Para Estefanía Valdez, de treinta y seis años de edad, fue una noche más de trabajo, de ocho a diez horas enteras sin parar. Era su trabajo de casi todas las noches y que por cierto, le producía cientos de dólares.
Estefanía Valdez era una prostituta de la ciudad de Nueva York que, además de esto, tenía el virus del SIDA. Era imposible que ejecutara su trabajo de prostitución sin contagiar a sus clientes con el virus. Cuando las autoridades la arrestaron le preguntaron si no tenía conciencia de lo que hacía, porque infectaba a los hombres que utilizaban sus servicios. Su respuesta fue: "¿Y a mí qué me importa?"
Estefanía demostraba una total despreocupación por los hombres con quien se acostaba, una total irresponsabilidad aún conociendo las tremendas consecuencias que sus acciones traerían. Pero aún mas grave que su ayuda para propagar esta enfermedad mortal, es esa frase "¿Y a mí que me importa?". Es una frase que causa tremendos daños en nuestra sociedad. Esta frase parece ser muy común en nuestra sociedad, la decimos demasiadas veces:
"¿Y a mí que me importa?", si dejo a mi mujer e hijos por otra mujer, al fin ya se acabó el amor.
"¿Y a mí que me importa?", que se estén matando unos a otros, al fin nos es mi problema.
"¿Y a mí que me importa?", lo que piense el otro, solo yo tengo la razón.
"¿Y a mí que me importa?", si he visto al que roba y ultraja, al fin no me perjudica a mí.
"¿Y a mí que me importa?"…
"¿Y a mí qué me importa?", es la frase de la despreocupación insensata, la frase de la indiferencia criminal, y la frase de la inconsciencia. Desgraciadamente no es sólo una frase que sale de los labios de una prostituta insensible. Es una frase que se emplea casi a diario. La inmensa mayoría de los seres humanos carece de buenos lineamientos éticos y morales; es por esa razón que existe una enorme desestabilización en todos los ámbitos de la sociedad. El mundo está como está, no porque Dios lo desee así. El mundo está en caos porque el ser humano haciendo mal uso de su libertad.
En nuestra sociedad hoy en día se manifiesta un alto índice de suicidios, delincuencia, drogadicción, rebeldía de los hijos contra los padres, corrupción social, política y religiosa, porque se ha edificado el progreso humano bajo cimientos totalmente equivocados. Pero en medio de todo este caos Dios está llamando a personas como tú, que marquen la diferencia, que le sigan a Él, que crean en su obra de salvación para la humanidad, que sigan las enseñanzas de su Hijo, del mismo Dios hecho hombre, de Cristo el Señor. Acéptale ahora y síguele, el hará en ti cambios que marcarán diferencias. Y ahora habrán más seres humanos que erradiquen de sus vidas esa frase y adopten palabra de Dios en su lugar.
«MI MADRE... ME VE COMO SU RIVAL»
por Carlos Rey
En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue:
«Tengo actualmente veintiocho años. Hace veinte años mi padre abusó sexualmente de mí. Su abuso siguió hasta la edad de diez años, [cuando] mi hermano menor lo contó a mi madre. (Mi padre me amenazaba con matarse si yo lo contaba.)
»Al darse cuenta mi madre de ese abuso, pensé que me apoyaría. Por el contrario, me acusó de buscar a mi papá.... Hasta el día de hoy, ella me ve como su rival, y siempre he sentido su falta de amor y rechazo para mi vida.... Ella de hecho me gritó que su gran error fue haberme concebido.
»Cada vez que ellos [se] enferman o necesitan algo, yo trato de ayudarlos. Amo a mi madre y, a pesar de su error, perdoné a mi padre....
»Hoy en día soy casada, pero aún me afecta esta situación. Deseo con todas mis fuerzas perdonar a mi madre, pero no puedo. Mi corazón lleva muchas heridas.... Necesito ayuda. No sé cómo luchar contra mi más grande enemiga, a la que más amo, mi madre.»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimada amiga:
»Cuando Dios nos creó, puso en nosotros el instinto de conservación. Es esa fuerza dentro de usted lo que la hace pensar que no puede perdonar a su mamá. Usted está confundiendo el perdón con el sometimiento. ¿Cómo puede someterse a su mamá cuando es evidente que ella va a seguir hiriéndola a usted vez tras vez, tal como lo ha hecho toda su vida?
»No sabemos qué cosa horrible le haya ocurrido a su mamá que la llevara a maltratarla a usted a tal extremo. Pero ahora en realidad no importa. Lo único que importa es que usted tiene que alejarse de su mamá. Ella es una influencia muy destructiva en su vida....
»Nos preocupa el bienestar de los hijos que usted tal vez ya tenga o pudiera tener en el futuro. Ellos no deben estar con su abuelo materno. El hecho de que él haya abusado sexualmente de usted quiere decir que hay el peligro de que haga lo mismo con ellos si se le presenta la oportunidad. Y esos preciosos hijitos suyos pudieran ser lastimados emocionalmente si estuvieran expuestos con frecuencia al trato de su abuela materna. Así que, a pesar de lo mucho que pueda dolerle, usted tiene que aceptar un futuro que no incluye contacto alguno con los abuelos maternos....
»Si usted tiene acceso a ayuda terapéutica, le recomendamos que se valga de tal apoyo emocional tan pronto pueda. Las experiencias horribles de su infancia han dejado cicatrices que requieren atención. Con el paso del tiempo, cuando su mamá ya no la esté hiriendo constantemente, usted podrá perdonarla. Perdonar es algo digno, y es encomiable que desee perdonar a la persona que la ha herido tanto. Porque así como perdonamos a otros, Dios nos perdona a nosotros.1
»Que Dios sane su corazón herido,
»Linda y Carlos Rey.»
El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace en www.conciencia.net que dice: «Caso de la semana», y luego el enlace que dice: «Caso 32».
1 Mt 6:12-15; Ef 4:32
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